ME SIENTO UN VISIONARIO

En Frutería Toñi creemos en la integración de las personas en riesgo de exclusión, de ahí que hayamos tenido un batería con TOC, un clarinetista en peligro de extinción (apenas quedan focas monje y están todas en el mar de Alborán) y que en su momento nos decidiéramos por un violinista pelirrojo. Una vez superado el lógico periodo de adaptación y pérdida de miedos injustificados -resulta que no destiñe-, alcanzamos plena confianza y Victor nos contó un pasaje muy interesante de su más tierna infancia. Ocurre que, además de un gran violinista y jugador de Pokemon Go, fue un cotizado modelo infantil con una dilatada carrera modelando para primeras marcas a nivel internacional.

 

Pero este mundo es un mundo duro y con fecha de caducidad, así pues nuestro protagonista lógicamente maduró con el paso de los años y de un día para otro desapareció de las agendas de las grandes firmas, iniciando su declive y la bajada de su nivel de vida. A los 14 años era en la práctica un modelo desahuciado y le ofrecieron un último trabajo en la frutería de su barrio posando como “Victorina Clementina, tu mandarina amiga”. Fue todo un éxito, se vendió mucho y bien, fue un digno canto del cisne para su carrera. Nos pareció una historia muy bonita de superación, algo así como un Forest Gump a la malagueña, y decidimos que el nombre de la frutería que le dio esta última oportunidad era un buen homenaje: Frutería Toñi.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

P.D: Aún nos preguntamos porque no contrataron a su hermana, que es también pelirroja; suponemos que se debe a la androginia de la que hacía gala en su infancia y a su vestimenta formada casi exclusivamente por túnicas griegas tipo Demis Russo.

 

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