TENGO MIS DÍAS BUENOS

Como en todos los grupos elegir el nombre no fue sencillo y en nuestro caso fue consecuencia de un día de brainstorming. Fue más storming que brain porque surgió de una jornada que dedicamos a alcanzar consenso sobre cómo nombrarnos alcohol mediante y una confesión escalofriante de Jesús. Justo antes de destruir el último cuarto sano de hígado que le quedaba a Curro, nuestro querido Jabba* soplador de instrumentos fálicos rompía llorar como un alma en pena y nos contó su secreto mejor guardado que ahora me dispongo a contar porque me da igual que os riais de él.

 

Entre sollozos lamentables para una persona de su índice de masa corporal nos hizo partícipe de su auténtica vocación: el baile (si se observa atentamente se deja entrever en su movimiento pélvico en los directos). A la tierna edad de 13 ya era un consumado bailarín, hacía Battements dégagés y Battements fondus como Maya Plisetskaya y Ronds de jambe à terre o Battements frappés no tenían secretos para su experta cintura tras más de un lustro infantil entrenando en la humilde tienda de su tía Toñi. Su mayor apoyo moral mientras el resto de su familia continuaba con la ocupación que históricamente le había dado fama mundial: la taxidermia expecializadas en hurones de la Axarquía. La pasión con la que habló de su tía y la frutería en la que hizo sus primeros Petits battements sur le cou-de-pied nos terminó de enamorar y decidimos que era una buena elección como nombre o quizá lo decidieron las 5 botellas de ponche caballero, tres petite suisses y lo que parecía ser agua turbia con sabor a melón de un jarrón del pasillo. La cuestión es que ya nos lo habíamos tatuado bajo el ombligo en el garaje de Wang  que hacía las veces de restaurante-tienda de tatuajes junto al local.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al final la historia de Jesus no acababa bien. Se presentó la oportunidad de su vida, el Bolshoi hacía una prueba de admisión en Málaga y allí que se presentó rata velcro, de riguroso negro, con sus mejores galas que incluían sus mallas azabache de la suerte, cariñosamente apodadas Timmy. Pero Timmy le jugó una mala pasada. En primer lugar, no tuvo en cuenta que estaba en la pubertad y no precisamente delgado de talle, lo cual a la vista daba la sensación de ver una morcilla con dos piernas intentando mantener el equilibrio y, en segundo lugar, Timmy había sufrido años de entrenamientos y cantidades de ácido sudor que harían vomitar a una cabra del Atlas y su capacidad elástica se había visto seriamente comprometida. Como consecuencia en el tercer Assemblé tras un changement de pieds un recién estrenado testículo adolescente asomó orgulloso ante el horror del jurado ruso. Ni que decir tiene que no fue seleccionado pero tiene el dudoso honor de ser la única prueba de la historia de Bolshoi que fue abortada y se borró todo registro de ella y el interés de Jesús en el ballet fue desapareciendo en exacta e inversa proporción a su interés por la bollería industrial y la deglución de calorías en todas sus formas.

 

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